Secretos de la hipnosis de espectáculo: detrás del humo y los espejos

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Se apagan las luces y en el escenario una sola persona abre la función. Después de la charla introductoria de rigor en que habla sobre el poder de la mente y las capacidades del hipnólogo para descubrir potenciales ocultos de ésta y hacerla cambiar a voluntad ya ha empezado a convencer al público, que siente que es capaz de ser hipnotizado. Acto seguido el hipnólogo hará una pequeña prueba, con esta verá quién es más fácil de hipnotizar, recogiendo con un vistazo aquellos que están más predispuestos y mas sugestionables. Al acabar la prueba llega el momento de poner a prueba la valentía y voluntad del público, es el momento de pedir voluntarios para el espectáculo. Los voluntarios seleccionados por el hipnólogo suben, emocionados y nerviosos al escenario entre los aplausos del resto. Es frecuente que el hipnólogo empiece hipnotizando a un miembro especialmente voluntarioso y sugestionable del público, este será el “hilo conductor” que acabará de convencer a los otros sobre la veracidad del proceso hipnótico, facilitando el trabajo al hipnólogo en las hipnosis a los siguientes participantes.
El hipnólogo, con gran teatralidad pasa la mano por la frente del primer voluntario, lleva a cabo la inducción hipnótica y grita: “duerme”! Este cae sobre la silla en un estado de profunda relajación. Es en este momento cuando empieza el espectáculo; los voluntarios son capaces de hacer las cosas más inverosímiles, creen que son gallinas, no sienten dolor o su cuerpo se vuelve rígido. Después de esta demostración el público queda boquiabierto y el hipnólogo acaba mostrando la cereza del pastel, los voluntarios no se acuerdan de nada de lo qué han hecho. Sorpresa, aplausos, baja el telón, fin.

En el párrafo introductorio se ha intentado esbozar de forma genérica la típica actuación de un hipnólogo de espectáculo. En las siguientes secciones se desgranaran cada una de aquellas partes que se han remarcado dentro del fragmento anterior para sacar el intríngulis de aquellas estrategias que utilizan los hipnólogos del mundo del espectáculo y que, sin pretenderlo, han llenado de tópicos la hipnosis clínica.
Justo es decir que los profesionales de la hipnosis de espectáculo suelen ser grandes profesionales con una gran capacidad para hipnotizar de forma rápida y directa con técnicas que requieren muchos años para ser perfeccionadas y se merecen un gran respeto que no se puede ni se pretende menospreciar.

Introducción, pruebas iniciales y petición de voluntarios

La labor del hipnólogo empieza desde el momento inicial del espectáculo. Antes de que los voluntarios suban al escenario necesita asegurar tres cosas: su imagen ante los espectadores, la facilidad de los voluntarios para ser hipnotizados y la voluntariedad de estos.
La imagen que proyecta la hipnólogo ante el espectador es muy importante por el hecho que la voluntariedad del proceso hipnótico implica que el “paciente” vea al hipnólogo como alguien capaz de hipnotizarlo y predisponerse, por lo tanto, a este. Dar una buena impresión en el discurso inicial es imprescindible.
A través de la pequeña prueba introductoria (que se suele basar en una serie de actividades cortas que pueden hacer los espectadores desde el asiento) el hipnólogo sondea la facilidad para ser hipnotizados de los espectadores y memorizará aquellos que hayan dado un mejor resultado. Todo el mundo es capaz de ser hipnotizado así como todo el mundo es capaz de emborracharse, pero hay quién necesitará un vaso de vino y quien necesitará beberse la botella entera. El hipnólogo necesita fijarse en el equivalente hipnótico a quien se emborracha con un vaso de vino por el simple hecho que este no dispone de mucho tiempo para la hipnosis y el ritmo del espectáculo requiere una hipnosis rápida.
Una vez vistos aquellos espectadores a los cuales se podrá hipnotizar con facilidad, el hipnólogo pedirá voluntarios, puesto que la des inhibición y la voluntariedad son fundamentales para que el paciente abre su mente al proceso hipnótico y mucho más cuando este se llevará a cabo en un escenario ante un público desconocido.
Llegado a este punto el hipnólogo se encuentra en el momento más crucial de su actuación; escoger de entre los voluntarios a quienes haya percibido como más fáciles de hipnotizar en la prueba introductoria, consiguiendo en un mismo individuo facilidad y voluntariedad.
Todo está ya listo para que empiece el espectáculo.

Los voluntarios suben al escenario

Entre emociones y nervios los voluntarios recorren el pasillo de la sala del teatro, las luces, la habilidad de guiar del hipnólogo y la gente expectante con la mirada clavada en ellos contribuyen a crearles un estado alterado de ánimo y conciencia, como ciervos deslumbrados por los faros de un coche. Muchas veces uno de los voluntarios ha llegado a un punto muy profundo de relajación sólo con la prueba inicial, este será el primero en ser hipnotizado y convencerá a los otros de que pueden ser hipnotizados con su ejemplo. Muchas veces este no es un espectador corriente sino alguien preparado con antelación antes del espectáculo. Preparado con antelación (con sesiones de hipnosis previas que predispongan a la hipnólogo y que hagan llegar a una hipnosis más profunda) no quiere decir que sea un engaño, sino que el hipnólogo se sirve de esta estrategia para conseguir una hipnosis más profunda de los otros voluntarios “reales”.

El cuerpo del espectáculo y el gran final

En este último párrafo se analizan tres de los tópicos más grandes en cualquier espectáculo de hipnosis: el hipnólogo que “duerme” a sus pacientes, las “transformaciones” en otras personas o animales y el necesario “no te acordarás de nada”.
En cuanto al primer tópico de la hipnosis de espectáculo, está el hecho que el hipnólogo ordene: “duerme!” a sus pacientes cuando el estado hipnótico es muy diferente a estar dormido y el hipnotizado es capaz de percibir aquello que lo rodea. Este “duerme” se utiliza simplemente para convertir el proceso que observan los espectadores en algo más mágico y al hipnólogo en un ser poderoso capaz de hacer dormir a sus “víctimas”.
Una de las actuaciones más icónicas del espectáculo en hipnosis es la mil veces repetida en los medios y el cine en que los hipnotizados creen ser una gallina, una niña pequeña, un perro, etc. En la mayoría de los casos no es posible hacer que una persona se sienta aquello que no es por órdenes del hipnólogo, pero el principio bajo el cual funciona esta orden es que la hipnosis tiene un efecto de des inhibición sobre el voluntario que lo ayudará a hacer todo aquello que le diga el hipnólogo a pesar de que no se sienta como tal. Y si el hipnotizado sólo está fingiendo ser una gallina o un perro, como es que después de la hipnosis no lo revela? Aquí es donde entra en juego el último aspecto de la hipnosis de espectáculo, el gran final, la orden del hipnólogo de no recordar nada.
No recordar nada no es una consecuencia de la hipnosis, sino una orden expresa que da el hipnólogo al hipnotizado. Este acaba la hipnosis diciendo: “ahora abrirás los ojos y no recordarás nada” dando una última orden para conseguir un final más espectacular y para que el hipnotizado no sea capaz de explicar realmente todo aquello que le pasaba por la cabeza cuando estaba en trance hipnótico.

Muchas personas creen que la hipnosis de espectáculo es una mentira. Lo cierto, es que es una realidad que nos hace ver cosas que no lo son.

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